Después de haber sido condenado por homicidio, de vender drogas durante la libertad condicional y de participar en un nuevo ataque armado mientras cumplía prisión domiciliaria, la Justicia dispuso finalmente que un condenado cumpla prisión efectiva. La resolución, que todavía no quedó firme, busca ponerle fin a una extensa trayectoria de violencia protagonizada por Carlos Raúl Carrasco, cuyo recorrido judicial terminó acumulando una pena única de 12 años y 8 meses de prisión. Sin embargo, durante buena parte de ese tiempo no estuvo alojado en una unidad penitenciaria, sino que cumplía el castigo bajo la modalidad de prisión domiciliaria, con autorización incluso para trasladarse a trabajar a la localidad de Añelo.
Un tiro mortal en la cabeza y la libertad condicional
La historia judicial de Carrasco comenzó cuando tenía 32 años, con el homicidio de Jhonatan Antigual, ocurrido en Zapala hace diez años. Según se reconstruyó, el hecho ocurrió alrededor de las 20.30 de un caluroso 20 de diciembre de 2016, cuando Antigual caminaba junto a un amigo y Carrasco lo llamó desde su domicilio; el joven no le hizo caso y, al llegar a la esquina de Mendoza y Santiago del Estero, Carrasco lo alcanzó, le puso un revólver a pocos centímetros de la base del cráneo y le disparó. El joven, de solo 18 años, fue encontrado en la calle por la Policía y murió tras agonizar en el hospital Castro Rendón. Por ese hecho, la Fiscalía había solicitado 15 años de prisión, aunque finalmente Carrasco fue condenado en octubre de 2017 a 11 años y 6 meses por homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego.
Con el paso de los años, accedió a la libertad condicional, un beneficio que comenzó a regir el 1° de marzo de 2023, cuando todavía restaba tiempo para completar aquella condena original.
Cayó por venta de drogas apenas meses después
La libertad, sin embargo, duró poco: el 24 de junio de 2023, apenas cuatro meses después de haber obtenido el beneficio, Carrasco fue allanado en el marco de una investigación por drogas. En el procedimiento se secuestraron 27,47 gramos de cocaína y 136,91 gramos de cannabis, con una capacidad estimada de 77,1 dosis umbral de cocaína y más de 2.500 de cannabis, además de balanzas, recortes de nylon, dinero y droga ya fraccionada para su venta. La Justicia Federal lo condenó entonces a 4 años y 6 meses de prisión por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, y revocó la libertad condicional que había obtenido por la condena de homicidio.
Doce años de condena, pero cumplidos en su casa
Esa nueva condena por drogas no se sumó de manera matemática a los 11 años y 6 meses anteriores: el Tribunal Oral Federal de Neuquén realizó una unificación de penas y estableció una condena única de 12 años de prisión. Aunque se trataba de una pena de cumplimiento efectivo, el tribunal le concedió el beneficio de la prisión domiciliaria, con la obligación de permanecer en su domicilio de Zapala, la posibilidad de trasladarse únicamente a trabajar a Añelo y la prohibición expresa de alejarse de su lugar de trabajo por motivos no laborales, además de someterse a controles periódicos y tener prohibido el consumo de drogas, la tenencia de armas o el vínculo con personas del ambiente delictivo. Entre los argumentos para concederle ese beneficio, se ponderaron su condición de sostén familiar y su situación laboral y familiar general.
Un nuevo ataque armado mientras cumplía la domiciliaria
Así, pese a acumular una condena por homicidio y otra por comercialización de drogas, Carrasco continuó cumpliendo su pena fuera de una unidad penitenciaria, hasta que volvió a aparecer en una nueva causa penal. El episodio ocurrió el 24 de enero de 2025, cuando Maikol Sebastián Benavidez fue considerado el autor material de las lesiones y Rodrigo Lautaro Catalán y el propio Carrasco fueron declarados partícipes necesarios de las lesiones graves agravadas por el uso de un arma de fuego que sufrió Luis Ángel Lerma, quien recibió un disparo que le provocó una grave lesión abdominal y debió ser operado de urgencia, con la resección de aproximadamente 70 centímetros de intestino delgado.
Aunque posteriormente no quedaron secuelas funcionales permanentes, Lerma relató ante el tribunal que durante su recuperación tuvo serias dificultades para trabajar y que el ataque modificó por completo su vida cotidiana, además de describir el temor a un nuevo encuentro con los responsables del hecho y la preocupación por sus hijos, que habían presenciado el episodio violento.
La fiscalía pidió cuatro años, el tribunal dio el mínimo
La fiscalía había solicitado cuatro años de prisión para Carrasco como partícipe necesario del ataque armado, teniendo en cuenta sus antecedentes condenatorios y la gravedad de las consecuencias para la víctima. Sin embargo, el tribunal integrado por las juezas Leticia Lorenzo y Bibiana Ojeda y el juez Lisandro Borgonovo resolvió imponerle un año y cuatro meses de prisión de cumplimiento efectivo, el mínimo previsto en la escala penal para ese delito, al considerar que sus antecedentes ya habían producido consecuencias jurídicas propias, como la declaración de reincidencia, y que no correspondía utilizarlos nuevamente para incrementar la nueva pena.
La condena, de todos modos, no terminó en ese año y cuatro meses: dado que Carrasco ya tenía una pena única de 12 años producto de la unificación anterior, el tribunal debió determinar cómo incorporar esta nueva condena a la existente. En uno de los datos más llamativos del fallo, en lugar de sumar los 16 meses completos, los jueces consideraron suficiente incrementar la pena anterior en solo ocho meses, con lo que Carrasco pasó a tener una pena única de 12 años y 8 meses de prisión de cumplimiento efectivo, manteniéndose además la declaración de reincidencia que ya pesaba sobre él.


